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9 feb 2007

104 dia

Los fantasmas acechan

Lagrimas caen por mis mejillas, aun recuerdo el sabor amargo de tus labios, así como también la ultima vez que te vi.

Estábamos en la casa que había alquilado en la playa, lejos de la gente y el pueblo.

Creíamos que era la mejor forma de reorganizar nuestra pareja y ver hacia donde iba este barco llamado amor.

Dormías, desnuda sobre el sofá, la noche había sido larga; ocurrieron sinfines de sentimientos.

No se las veces que peleamos y nos reconciliamos, el alcohol me hizo perder la cuenta.

Ya de madrugada, el día empezaba a clarear, los rayos del sol avanzaban sobre tu cuerpo tomando posesión sin pedir permiso como si fuera el ejército aliado en su día d en Normandia.

Y como tal día, la sangre se distribuía por todo el living.

Yo estaba sentado en un sillón frente tuyo, fumaba un cigarrillo, no se si era el primero de la mañana o el ultimo de la noche, todo se me hace tan difuso.

Solo se que me desconecte de la realidad, no se cuanto tiempo.

Desperté solo en la playa, me sentía Erwin Rommel después de la batalla.

A unos pasos, los restos de la casa se podían llamar teas ardientes, no quedaba ni un ápice de la majestuosa edificación.

Necesitaba borrar mis huellas como así también mi pasado encolerizado.

A lo lejos se escuchaba la invasión de una sirena, fusionándose con el graznido de una gaviota y el constante chocar de las olas con la arena húmeda.

Cada vez entendía menos, no podía recordar lo que había sucedido.

La ambulancia llego, los paramédicos bajaron raudos y me amarraron a una camilla, me dieron morfina para los cortes que había sufrido en brazos y piernas.

Otra vez empiezo a perder el conocimiento, la camilla es reemplazada por un altar de piedra; he estado soñando con extraños aparatos que hacían ruidos raros y ropajes extravagantes.

Comienzo a comprender, solo era un soldado en una guerra entre mexicas; y me dieron unos pequeños hongos negros llamados teonanácatl y producen un efecto alucinógeno, inhibiendo el dolor.

Solo se que el fin esta cerca, el cuchillo de obsidiana esta en manos del sumo sacerdote y apunta hacia mi pecho.

Rezo a los dioses que por lo menos mi corazón sea comido por algún guerrero importante; odiaría terminar comido por el pueblo.

Solo me resta encomendarme a los dioses.


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