Sí, una paloma de esas que suelen pastorear en parques y paseos decidió que el césped de la cancha de Vélez era un buen lugar para pastorear en medio del
calor porteño.
Un césped bien cuidado debe ser un lugar ideal si lo que uno come son pastitos y bichos.
Claro que, como no existe un informe del estado del tránsito pensado para aves (¡atención empresas de telefonía celular!), la buena de la paloma no advirtió que en ese momento, después de las 19:00 de ayer, en esa manzana del
barrio porteño de Liniers se estaba jugando un partido clave del
fútbol argentino.
Ni más ni menos que el primer partido del triangular final entre
San Lorenzo y Tigre. Pero ni el recuerdo, si es que fuese posible en esos animales, le quedó del partido entre “los
matadores” de Boedo y el “matador” de Victoria.Aunque se dio el gusto de tocar la pelota con la que se disputa la final, algo que muchos hinchas suelen añorar, la paloma no contará el cuento.
Porque a los 17 minutos del segundo
tiempo, recibió un pelotazo destemplado y artero del zaguero de
San Lorenzo, Gastón Aguirre.El ex hombre de Temperley despejó el peligro que merodeaba su área.
Pero lo trasladó a la integridad de la paloma que, pobrecita, ni volar pudo para evitar tamaño puntinazo.
Y, en medio de campañas contra la violencia en los estadios, se transformó en víctima, sin que se escuche todavía la voz de ninguna asociación protectora de animales o se planifique un escrache contra Aguirre por su poca humanitaria acción.
Con el cadáver todavía caliente sobre el pasto, el árbitro Laverni sí vio esta acción, paró el partido, tomó el cuerpo por las alas y lo tiró fuera de la línea de cal,
terreno exclusivo de 22 jugadores y él mismo.
La hinchada mientras tanto, insiste con su reclamo de
“huevos”. En Liniers, será un poco más difícil.